Qui va ser Juan Sapiña Camaró

023083Amb motiu del Ple municipal del novembre: sobre la figura de Juan Sapiña Camaró

El Ple municipal de l’Ajuntament de Cullera de 30 de novembre de 2010 va aprovar per unanimitat una moció del Grup municipal del PSPV-PSOE de dedicar un carrer del municipi al Diputat en les Corts Generals durant la II República, Catedràtic de Llengua i Literatura llatina i escriptor cullerenc Juan Sapiña Camaró (Cullera 1905-Mèxic 1974). Tal com es reflectia en la moció, la iniciativa tenia el seu origen en una carta que l’associació Cullera Laica va dirigir a l’Agrupació local del PSPV-PSOE el passat mes de juliol, en la qual es mostrava l’interés de l’Associació per la figura del Diputat cullerenc i es suggeria a l’Agrupació la recuperació de la seua figura i del seu ideari laïcista.
Amb motiu de l’esmentada carta, l’Associació va fer una nota de premsa, la qual va ser publicada per L’Expressió del mes de setembre, així com per altres mitjans de comunicació. La nota de premsa incloia unes referències a la vida i obra de Juan Sapiña Camaró, preses del Diccionario biográfico de políticos valencianos (1810-2005) de Javier Paniagua y José Antonio Piqueras. En esta ocasió, volem donar a conéixer els principis democràtics que sostenia Juan Sapiña Camaró, els quals passaven -com no podia ser d’altra manera- per la defensa de la laïcitat o aconfessionalitat de l’Estat com a principi garant de la igualtat i la llibertat de consciència de tota la ciutadania; un principi que encara hui no hem aconseguit plenament. A continuació, segueix una carta seua que, en contestació a altra d’un paisà, va publicar el setmanari local Sucrona en l’any 1932, i en la qual es dóna testimoni del que diem. Esperem que la disfruten. (En altra ocasió parlarem de la seua obra literària i del que va fer per Cullera).

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Cordialmente
Sr. D. Luis Armand

Distinguido paisano: He leído en “Sucrona” su amable Carta Abierta y me creo en el deber de cortesía de contestarle.
Permítame que le diga que la idea fundamental de su carta podría concretarse en la afirmación siguiente: Que no está Vd. de acuerdo con la labor realizada por estas cortes.
Pero…, paisano, eso es muy natural. Todo régimen de democracia trae consigo la imposición del criterio de las mayorías, aunque con el debido respeto a los criterios minoritarios. Y además de natural, es lógico. Lo verdaderamente intolerable era que la Monarquía, apoyada en una minoría insigni­ficante de aristócratas, militares y dignatarios de la Iglesia, sojuzgara indefinidamente al país.
No crea vd. en la pronta modificación de la Constitución. Tenemos Código fundamen­tal para muchos años. Y me atrevo a decir que, con raras excepciones, los únicos revisionistas son los que se sentían interpretados por la tiranía borbónica, porque disfrutaban de sus privilegios. Alcalá Zamora, Maura, Lerroux… todas las grandes figuras represen­tativas de la República que están fuera del actual Gobierno y sus respectivos Partidos acatan la Constitución y están decididos a gobernar con ella. Apenas alguien más que agrarios y vasco-navarros se sienten revisio­nistas y estos representan un sector de opinión muy reducido, créame. Es mucho más numeroso el sector de opinión defrau­dado porque juzga la Constituciónpoco avanzada; más numeroso.., y más peligroso que vds. para la República.
La Constitución en vigor se inspira en principios elevados y justos. Reconoce el Trabajo como única fuente legítima de vida; niega la Propiedad como derecho, aunque la admite como hecho real, en tanto que cumpla la función social que debe cumplir: es decir, mientras la fábrica funcione, la casa esté habitada, sea cultivada la tierra, etc.; y llega a admitir que la riqueza sea declarada pro­piedad nacional, cuando así 1o quiera la mayoría del país, es decir, la mitad más uno de los diputados.
Establece la Escuela Unica en igualdad de condiciones para ricos y pobres, con el fin de que todos puedan cultivar su inteligencia y su espíritu y para que no se desperdicie ninguna inteligencia de la que se pueda esperar algún beneficio para el país. Y sienta como principio la gratuidad de la Enseñanza para que se pueda pronto llegar a la realización de esta idea tan elevada y justa.
Establece la igualdad de sexos ante la ley, igualdad no conseguida en veinte siglos de cristianismo, mejor o peor interpretado; igualdad que no consiste sólo en la concesión del sufragio a la mujer, sino en la posibilidad de su acceso a los mismos cargos que el hombre, en su igualdad jurídica dentro del matrimonio, pudiendo disponer de sus bienes lo mismo que el marido, y siendo consideradas sus faltas o delitos según el mismo grado de penalidad en que son considerados los del hombre.
Declara el laicismo del Estado, que representa á todos los ciudadanos, religiosos o no; y establece la libertad de conciencia y de cultos, con las garantías mínimas de respeto que necesitan todas las creencias.
Y no queremos seguir. Seria la carta interminable.
Lo que pasa es que los que tienen de la Propiedad un concepto feudal y tratan a los trabajadores como esclavos; los que juzgan que la cultura debe ser un privilegio de ricos y estiman -como San Ignacio de Loyola cuando se refería a los legos– que el pueblo debe estar indefinidamente sumido en la ignorancia para que se deje explotar y engañar más fácilmente; los que quieren a la mujer sin más horizontes que el hogar y la Iglesia, porque así la mujer es más fácil de dirigir desde el confesionario; los que quie­ren un Estado católico: para que la Iglesia goce de toda clase de privilegios y se inmiscuya en la vida pública de la nación para negar la libertad de pensar a quien no sea católico; en una palabra: los que vivían a sus anchas bajo la tiranía monárquica, juzgan ahora estridente esta Constitución, reconocida como una de las más liberales que existen.
Ya sé que vd. no puede contarse entre los anteriores -y me apresuro a decir que en mis palabras no ha habido la más leve alusión personal-; he tratado el problema desde un punto de vista general y amplio.
Poco más he de decirle para contestar a sus palabras sobre Secularización de Cemen­terios.
Al amparo de los innumerables privilegios que le concedió la Monarquía, tales como el disfrute de edificios de propiedad nacional, disfrute de hecho de la exención de tributos sobre riqueza rústica, industrial y urbana, la no creación de Escuelas Nacionales para que la mayor parte de la Enseñanza fuera a parar a manos de las Ordenes religiosas; etc., la Iglesia católica fué apoderándose de la conciencia pública. Y así como en el aspecto penal, consiguió una penalidad superior para las injurias á la religión católica que para las referidas a las demás religiones, en el aspecto docente, consiguió la supresión de subvenciones para las Escuelas Laicas, y en lo referente a ultratumba, creó toda clase de dificultades para quienes querían descansar en el Cementerio Civil, llegando a asediar a los moribundos laicos en el lecho del dolor, con una falta de pudor y de respeto verdaderamente repugnante. Podría citarle los casos, bien recientes, de D. José y D. Agustín Olivert y D. Juan Garcés; y tantos otros.
Y con estos y otros procedimientos ilícitos, la Iglesia consiguió que las gentes consideraran como decentemente enterradas a las personas que reposan en el Cementerio Católico y como enterradas como perros a las personas que tuvieron la suficiente de­cencia y hombría para disponer su entierro de acuerdo como el laicismo de su vida, en el Cementerio Civi1. Y esto se ha terminado, porque es justo que terminara; El Cemen­terio General es de la Nación y ésta no puede consentir-y menos bajo pretexto de cristianismo-que se utilice la hora de la muerte como arma religiosa y política en beneficio de una secta para separar en la hora suprema seres que vivieron juntos y quizás identificados. El Cementerio es común para todos; y allí-entiéndalo bien, Sr. Armand,-pueden ser enterradas todas las personas religiosa o civilmente, según los deseos expresados por cada cual en la vida. Y esto lo hemos hecho así porque entendemos que es más humano y más cristiano que lo de antes.
Le suplico acepte los afectos de su paisano:
Juan Sapiña

Madrid, 14-3-1932.

Cullera Laica